Curaduría: Adriana Collado-Chaves
Del 18 de mayo del 2017 al 29 de julio del 2017.
Inauguración 18 de mayo, 7 p.m.
Salas 2, 3 y 4

Mil y un hombres. Tres fotógrafos.

Si culturalmente no contrapusiéramos los hombres a las mujeres, no existiría el concepto de masculinidad definido por oposición al de femineidad. Pero en cambio aprendemos en el gran teatro del género: ensayamos cotidianamente roles sociales sobre un escenario donde confluyen relaciones de poder, reproducción y deseo. En Occidente, la masculinidad patriarcal ha sido por siglos la protagonista y el sometimiento histórico de las mujeres les ha generado a los hombres múltiples beneficios.

Pero ellos no son todos iguales. También los hay subordinados al patriarcado en relaciones de dominación y opresión. Tal es el caso de las masculinidades homosexuales, que la visión hegemónica degrada al nivel más bajo en la jerarquía de género entre hombres, por asimilarlas a la femineidad. También están las masculinidades cómplices con el proyecto hegemónico, aquellas que no lo suscriben, pero lo toleran; y las marginales, donde el género se interrelaciona con vulnerabilidades grupales.

Esta exposición reúne el trabajo de varias décadas de tres fotógrafos costarricenses, que aun teniendo estilos muy distintos entre sí, coinciden en ser pioneros en la representación fotográfica de masculinidades alternas al proyecto patriarcal: Giorgio Timms, Jorge Albán y Jaime David Tischler.

La muestra se articula en torno a tres ejes temáticos. La sala dos explora la relación del cuerpo y el espacio público en las prácticas de configuración de masculinidades. La sala tres despliega arquetipos masculinos modelados por el pensamiento mítico-simbólico, prácticas rituales, convenciones sociales e imaginarios de lo que es y hace un hombre. Finalmente, la sala cuatro exhibe cómo, desde una mirada íntima y personal, cada artista ha construido, sufrido, vivido y configurado su propia masculinidad.

Sala dos. Cuerpo, hombre y espacio público

La sociedad se retrata en la forma en que estructura, desarma y reconstruye el espacio público mediante la acción de sus creadores, habitantes y transeúntes. La obra de Jorge Albán muestra esta relación de espejo: habitamos espacios que luego nos habitan. Así los roles de masculinidad se encarnan en un contexto, como el guarda en su caseta o el hombre que asocia su potencia sexual con excesos de velocidad y acaba violentando su cuerpo y el de otros.

La construcción de identidades de género masculinas se cruza con otras estructuras de organización de la práctica social, como edad, etnia, orientación sexual, estrato socioeconómico o nacionalidad. Todo ello confluye en las calles. Giorgio Timms, quien desde el inicio de su carrera ha sido documentalista de la vida en la ciudad, nos hace mirar el doble filo del espacio público: tanto como marco normativo de control de la masculinidad patriarcal, como campo de batalla de hombres y mujeres que luchan por sus derechos y contra la discriminación, tal el caso de la comunidad LGTBQ.

Por su parte, Jaime David Tishler nos lleva a recorrer un lugar del recuerdo, con una mirada nostálgica a la Costa Rica del pasado y aquel espacio de convivencia igualitaria que fue el Balneario Ojo de Agua. Ahí, como si de un pequeño paraíso se tratara, hombres de todos los tipos, edades, tamaños y clases se instalaban en una zona de tregua, y sus cuerpos se distendían temporalmente de las imposiciones de la masculinidad hegemónica.

Sala tres. Rito, mito y desmitificación

La masculinidad no es una cuestión de biología, sino de historia y cultura. En la historia del arte europeo, por siglos, las representaciones del cuerpo masculino desnudo o semidesnudo, fueron posibles sólo como parte del repertorio iconográfico de la iglesia católica o como legados del panteón mitológico greco-romano. Más adelante, las carnes masculinas también aparecerían en representaciones idealizadas de batallas o escenas heroicas. Pero con el surgimiento de la fotografía quedó claro que los modelos de esas pinturas eran hombres comunes y corrientes: ni dioses, ni mártires, ni santos, ni héroes.

En la sala dos convergen variedad de discursos masculinos, unos generados en torno al rito religioso que documenta Timms, otros recreando personajes mitológicos, como los de Timms y Tischler, y otros salidos de cuentos populares o de la imaginación de mujeres, como los de Albán. Es la gran narrativa histórica de la masculinidad de héroes y antihéroes versus la microhistoria de mujeres y hombres cuyas configuraciones de prácticas de género repiten o desdicen guiones aprendidos.

Sala cuatro. Masculinidades las nuestras

En 1989 Giogio Timms envió cinco imágenes de desnudo masculino al Salón Nacional de Fotografía. Esas fotografías de color solarizadas lo hicieron acreedor de una mención de honor y del primer premio del público. Un año más tarde expuso el “Proyecto Efe” en el Teatro Nacional, que se convertiría en la primera exposición individual de desnudos masculinos en Costa Rica. Quizás por el contexto expositivo, la reacción social a la obra de Timms no fue de censura, caso contrario a lo que aconteció diez años más tarde con una exposición de Jaime David Tischler en el Instituto Tecnológico de Cartago, cuyas obras generaron indignación y fueron descolgadas. En estas como en otras series, Tischler había dejado el pellejo, comprometiéndose con la representación del desnudo como una forma de au

En 1997 Jorge Albán participó en la exposición colectiva “Cuerpo, Fragmento y Memoria” con una serie de chatarras de automóvil sobre las cuales imprimió fotografías de él y su hija de tres años, ambos desnudos. Una parte cóncava de un carro destartalado se convirtió en la superficie para desplazar el espacio simbólico del nicho con la imagen de la Virgen y el niño, homologación del vientre materno. Estas obras por tanto generan “un choque” respecto a la representación del amor filial entre padre e hija, porque según la convención patriarcal, un hombre adulto con una niña desnuda en sus regazos, estaría más próximo a representar una violencia sexual latente, que el amor paternal. Históricamente la representación del amor “puro y sin mancha” entre padres e hijos ha estado reservado a la a las madres y sus hijos varones. Trasgredir este canon, supone crear nuevos códigos para entender y vivir la paternidad. La hija de Albán seguirá apareciendo en su producción como parte de esta lucha personal.

Adriana Collado-Chaves Curadora.