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Trilogías - desdoblamiento de energías.

Mauricio Pellegrin. Venecia/ Italia

4 de julio - 10 de septiembre. 2002.

Sala III y IV

Curaduría: Rolando Barahona-Sotela.

Navegar en los valores que estructuran su propia cultura y los de otras culturas de extracto diverso, es para Pellegrin un constante estímulo, en la minuciosa búsqueda de objetos que expresen lo permanente en ellas que las caracteriza.

Este explorador incansable con alma de poeta, no busca un significado, más bien observa sigiloso, intuye y reinterpreta las vibraciones que percibe en sus rutas por los laberínticos caminos de las ciudades que penetra en su ruta marcada por una extensa trayectoria artística. De este andar, el artista va extrayendo materiales cargados de símbolos y sombras del pasado. ”Yo utilizo objetos que tienen un aura” dice Pellegrin, y TRILOGIAS, como convergencia de tres culturas disímiles, no es la excepción, como un espacio alimentado por las venas de la historia de pueblos enraizados en las profundidades del tiempo. Un espacio intervenido en Sala II del MADC que como un desdoblamiento de energías culmina en el nivel superior, Sala IV, en dos tríos de imágenes proyectadas en video con la colaboración de otros dos artistas: el primer grupo producido por Matt Marello y el segundo producido por Swati Khurana, ambos con la actuación de Maurizio Pellegrin.

Las imágenes en movimiento traducen y amplifican la experiencia cognoscitiva y perceptiva innata en el ser, como interpretación de la violencia y la paz que contradictoriamente envuelven como velo a la humanidad. Historias embebidas en la mente reflejadas en el rostro del artista que juguetea y se regocija del bamboleo de unas bombillos intervenidos, al igual que en las vetas, hilos y fibras de los objetos elaborados por manos sensibles cargadas de tristezas y alegrías, que componen la instalación sobre fondo verde. Mensajes que se desprenden entre texturas y formas que guardan secretos misteriosos, como un bolso de terciopelo negro de vientre cargado con secretos de mujer, unos binoculares indiscretos, un austero kimono de línea geométricamente ceremonial o una procesión de agarraderas de madera colocadas con orden militar. Memorias que asoman y hablan de cómo lo organizativo, lo numérico y la energía humana invertida en los procesos creativos, juegan un rol de vital importancia en las tramas suspendidas entre el aquí y el cosmos que conduce la imaginación de atmósfera poética de Pellegrin.

Con una sensibilidad a flor de piel que se agudiza ante el contenido espiritual de seres y objetos que descubre en su camino, este poeta soñador de alma intensa se desplaza como halcón vigilante, detectando hasta los sutiles movimientos no percibidos en encuentros a primera vista. Contenido que los objetos, al igual que los seres vivos, adquieren e intensifican con el tiempo. Objetos que delatan el espíritu privativo y singular de una época, el Zeitgeist, o espíritu de los tiempos, como el filósofo Hegel lo denomina. Así, Pellegrin, el artista, el poeta, el Veneziano, no puede eludir el empuje de la sangre de sus ancestros navegantes y mercaderes de Venecia, que ya para el siglo XI marcaron un brazo de unión entre mares con las milenarias culturas del Este, reivindicando objetos preciosos como la seda y el terciopelo, que desde el tiempo de Marco Polo eran importados a la “Serenissima”- Venecia- la reina de una efervescente laguna con alma marítima y aventurera.

Trilogias

Las expresiones de este minucioso orfebre de sensaciones hilvanadas, no obedecen a patrones establecidos, más bien proponen una visión fresca que inserta el legado de los seres integrantes de una comunidad que van conformando los patrones de una cultura, como respuesta a los enfrentamientos y retos de la cotidianidad. Sutilmente, el espectador es invitado a compartir una mesa intangible de intercambio energético entre lenguas disímiles que dialogan en silencio. Visitante invitado a ser parte de un espacio creado por este hábil explorador de esencias y místicas, con la opción de poder vivir la experiencia de ser también un navegante a quien se le sueltan las alas de la imaginación para completar, sin preponérselo, una historia con múltiples interpretaciones.

Vibraciones enlazadas por el instinto del artista que se posesionan del vacío contenido en diversos espacios tales como: un Palazzo, un museo, un oratorio, una Villa, una iglesia y hasta un jardín botánico en la India. Tridimensiones que este explorador anima y que pueden ser interpretadas como metáfora del fluir por el cauce de un río que lleva consigo la vibración y el sabor de seres que han enjuagado su cuerpo y alimentado su espíritu en sus osadas aguas. El profesor Nicholas Mirzoeff al hablar de transcultura en su libro Cultura Visual, con acierto cita al poeta Langston Hughes: “He conocido ríos antiguos como el mundo y con más edad que el fluir de la sangre humana en venas humanas. Mi alma ha crecido profundo como los ríos.” Poema que evoca el contenido del paso del tiempo en el discurso de Pellegrin.

El color en la obra de Pellegrin se transforma en un objeto de intensa vibración en el espacio conformado, y aún más, en un lenguaje que habla del devaneo entre la mente y la materia. El color deja de ser un fondo para engendrar una atmósfera que envuelve al espectador y lo integra a la dinámica multidimensional, evocando una presencia energética que mantiene este mensaje cambiante a los ojos individuales. Recurre a lo reconocible o identificable de un símbolo como la vestimenta, un libro, una boquilla o un ovillo, pero impregnados de misticismo y tradición provenientes de una cultura con raíces milenarias como las orientales o las desarrolladas en el Continente Oscuro, que atrapan al espectador con su misteriosa vibración, para el que no las ha habitado y vivido desde dentro. Entre las múltiples instalaciones creadas: La Estancia China, La Estancia Italiana, La Estancia Africana, la Estancia Japonesa o Trilogías, son parte de un diseño espacial que el artista suspende dentro de otro espacio existente, sea un patio, una galería o un convento.

El objeto es el protagonista y la clave del tejido invisible que hilvana los contenidos filosóficos con que Pellegrin impregna a sus elementos que vuelve suyos como parte de su biografía, para transformarlos y compartirlos con otros que penetran sus interpretaciones espaciales que flotan en un aire depurado, escabulléndose entre caricias de paz y equilibrio en el tiempo. Aires cargados de vivencias intensas que repercuten en el alma, el corazón y el espíritu, y contrarrestan las perturbaciones sociales negativas. Expresiones que hablan de balance entre sus antepasados y los antepasados de cada individuo que ingrese a sus ámbitos, pero con una memoria recién pulida, que nos ubica y confirma la validez de existencia en un presente de lenguaje original y metafórico. Un rebote entre el pasado y el presente que habita cada una de nuestras células conteniendo energías que se remontan a los primeros signos de vida en el planeta.

Trilogías es un diálogo amistoso entre espíritus disímiles, es un estado de ánimo que evoca la introspección dentro de un ámbito meditativo que incita a una vivencia personal única. Espacio plácido de un verde que inspira regeneración y fe en un devenir desconocido. Sombras que acompañando los objetos, los impregnan de profundidad como siluetas repetitivas que hablan de una energía, de un aura entre crujidos provenientes de pasos en vidas anteriores. Ausencias y sombras de generaciones pasadas pero no olvidadas, con nuevas presencias que envisten el objeto con vitalidad contemporánea. El ritmo ceremonioso con el que se han ubicado los elementos sobre la envolvente verde fulgurante y vital, confiere al conjunto una vibración revitalizante en un abrazo con las formas, las funciones y el quehacer humano impregnado como aroma imborrable en los trenzados y los bordados. Un aroma aprisionado en las fibras de los materiales que engendraron su confección, y transformado por el artista en un símbolo que desencadena imágenes mentales en el espectador.

Tres depuradas elucubraciones mentales, inspiradas por las particularidades de tres culturas: la china, la italiana y la japonesa, que se dan la mano con respeto en una ceremonia solemne de hermandad indisoluble, departiendo paz, austeridad y tolerancia. Una utopía ansiosa de convertirse en un hecho real.

Rolando Barahona-Sotela, Curador.

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      Referencias en otros medios

      “ De algún modo retomando los fabulosos viajes de su coterráneo medieval Marco Polo, Maurizio Pellegrin explora y dialoga, en plena contemporaneidad, con antiguas tradiciones y memorias ancestrales de culturas con signos muy diversos a la suya, tal vez con el afán primordial de descubrir -o al menos atisbar, lo más profundamente posible- a esos “otros”, y a la vez a sí mismo (…) Pellegrin se expresa, en el actual panorama de las artes visuales contemporáneas, como un “instalador” verdaderamente excepcional y sui generis, al concebir el diálogo y la convivencia, pero sobre todo la interacción (a veces tensional, otras veces fluida, aunque casi siempre elíptica, tremendamente metafórica) de materiales naturales o manufacturados, orgánicos o industriales, antiguos o modernos, todos con implícitas o explícitas cargas significativas, casi siempre complementarias antes que encontradas, irreconciliables”. Ernesto Calvo. Itinerarios multiculturales: viajes interiores. Revista Virtual Conexarte, MADC, 2002.

      " El MADC presenta una muestra de gran fuerza individual (…) Las obras de Pellegrin reflejan pensamientos existenciales, plantean problemas humanos fundamentales y aunque las instalaciones retratan la experiencia del propio artista, no dejan de abordar preguntas sobre la condición humana". Simón Flores Paredes, Complementariedad espacial, Ancora, La Nación,21 de julio del 2002. .